El niquelado electrolítico continúa siendo uno de los procesos más utilizados en recubrimientos decorativos por el brillo, nivelación y apariencia que proporciona a las superficies. Sin embargo, su utilización en productos que mantienen contacto directo con la piel enfrenta cada vez mayores restricciones debido a las reacciones alérgicas asociadas con la exposición al níquel.
Ante este escenario, el bronce blanco se perfila como una alternativa para aplicaciones específicas, principalmente en la industria de la bisutería y los accesorios de moda. De acuerdo con Oscar Villalobos, representante técnico de ventas de Legor S.p.A., esta tecnología permite obtener un acabado blanco y brillante y, al mismo tiempo, atender la necesidad de reducir la presencia de níquel en productos destinados al contacto con la piel.
Del Níquel Al Bronce Blanco
El campo de aplicación más atractivo para el bronce blanco se encuentra en productos como hebillas, herrajes, accesorios de moda y piezas de bisutería, donde tanto la apariencia como las características del recubrimiento son determinantes.
Villalobos explica que, frente al niquelado convencional, el bronce blanco destaca por ofrecer una tonalidad más blanca y brillante, además de una elevada velocidad de depósito. Esto permite utilizarlo como acabado final o incorporarlo como precapa para otros sistemas de recubrimiento, dependiendo de las características y requerimientos de cada pieza.
La principal diferencia está en su comportamiento frente al contacto con la piel. Mientras que la exposición al níquel puede generar reacciones alérgicas en determinadas personas, el bronce blanco ofrece características hipoalergénicas que lo hacen especialmente atractivo para productos de uso personal.
Un proceso familiar para la industria
La sustitución del níquel por bronce blanco no necesariamente implica modificar por completo la lógica de una línea de electrodeposición. De acuerdo con Villalobos, ambos procesos presentan similitudes en parámetros como la velocidad de depósito y la densidad de corriente necesaria para alcanzar los espesores requeridos.
Como ocurre con otros procesos electrolíticos, el control de las condiciones del baño y una adecuada filtración son fundamentales para mantener la estabilidad del proceso y obtener recubrimientos uniformes.
Una diferencia importante se encuentra en el sistema de ánodos. El proceso de bronce blanco utiliza ánodos inertes, lo que permite reducir considerablemente el consumo de níquel metálico. En términos de inversión, la preparación de un tanque nuevo puede ser comparable a la de un sistema convencional de niquelado, mientras que el mantenimiento puede representar un menor costo operativo.

Foto: Legor S.p.A.
Una alternativa que no elimina el tratamiento de efluentes
El cambio de tecnología tampoco significa que desaparezcan las consideraciones ambientales asociadas con la electrodeposición. El proceso de bronce blanco requiere, al igual que el niquelado, un sistema de tratamiento de efluentes que permita neutralizar los componentes presentes en las soluciones utilizadas.
Por ello, su principal aportación actualmente está relacionada con la sustitución del níquel en aplicaciones donde la seguridad del usuario y las exigencias de los mercados son factores determinantes, más que con una reducción significativa del impacto ambiental del proceso.
Europa y Asia, mercados de referencia
La tecnología de bronce blanco ya cuenta con aplicaciones industriales en Europa y Asia, regiones donde las restricciones relacionadas con el uso de níquel en productos que tienen contacto con la piel llevan años impulsando el desarrollo y adopción de alternativas.
Villalobos señala que en México la incorporación de esta tecnología avanza de manera gradual, principalmente entre empresas que participan en cadenas de suministro orientadas a mercados internacionales. Para los fabricantes que exportan a Europa y Estados Unidos, las exigencias relacionadas con el uso de níquel pueden convertirse en un factor para modificar sus procesos de acabado.
Por Daniel Dzib Argüelles
